La Constitución boliviana y la cuestión de la tierra en la historia económica mundial
- Opinión
El presidente venezolano Hugo Rafael Chávez se ha asumido varias veces como “peronista”, cosa que, al menos que se sepa, no ha hecho el jefe del estado boliviano Juan Evo Morales Ayma, aunque lleve esos nombres de pila como un homenaje de su madre a Juan Domingo Perón y a su segunda esposa, María Eva Duarte. Sin embargo, en la nueva Constitución Política del Estado (CPE) se han tomado aspectos y profundizado otros que traen reminiscencias de
Una de esas profundizaciones de
Claro que ya antes, durante el proceso militar iniciado en 1943, que devino en antioligárquico bajo la creciente influencia del propio Perón, ya se había avanzado en el tema de la explotación de la tierra a través del sancionado “Estatuto del Peón Rural”. En tanto el trabajo esclavo o semiesclavo se mantuvo en casi todo el riesgo de la región. Hasta hoy mismo el gran gigante iberohablante, Brasil, sigue constituyendo un paradigma en la materia como lo reconocen sus propios organismos gubernamentales, amén de numerosos sectores sociales.
Bolivia ha dado un salto notable en aras de su transformación con su nueva constitución al establecer hacia el futuro una nueva política de tenencia de tierras. No es una reforma agraria distributiva ya que se mantiene la gran propiedad rural de los antiguos propietarios, uno de cuyos máximos exponentes es Branko Marinkovic, el líder nazi de Santa Cruz de
En
Pero la cuestión de la tierra es de muy antigua data y está ligada al crecimiento de los estados y a la justicia distributiva a lo largo de los 6.000 años de historia humana. En las primeras grandes formas estatales, como el Egipto del Imperio Antiguo, la tierra era de propiedad del faraón como representante solar por lo que no existían los dueños individuales. Eso dio lugar a la gran expansión y el poder de las tercera y cuarta dinastía, las que dejaron las herencias de la pirámides de la meseta de Gizah. Cuando la nobleza y la jerarquía eclesiástica se apoderaron de las tierras se generó la nomarquización (feudalización), los nomarcas desintegraron el poder real y el reino que hasta había diseñado el primer sistema de correos se hundió en el caos del que dan cuenta las “Lamentaciones de Ipuwer”.
La nueva constitución boliviana no es de carácter socialista al mantener la concepción de la propiedad privada productiva tanto urbana como rural, aunque haya hecho claros avances a favor de los sectores populares y en particular de los pueblos originarios. Algunas décadas atrás, un historiador francés, Louis Baudin, escribió un interesante libro titulado “El Imperio Socialista de los Incas”, amén de otros como “La vida cotidiana en tiempos de los últimos incas” y hasta estudios sobre el rol de la mujer en el incanato. Pero “El imperio socialista de los incas” fue el que tuvo más difusión y tuvo gran aceptación en su momento tanto en ámbitos académicos como en sectores políticos de izquierda.
Pero más allá de lo notable del sistema político, económico y social del incanato, en muchos aspectos más evolucionado que los europeos de su época, mejor se puede hablar de un cierto estado paternalista, multiétnico, integrador. En una tesina allá por 1980 me referí al carácter planificador que iba desde una estructura de vías de comunicaciones o correos, al estilo de la vieja Roma, pero a algo particularmente notable para cualquier economista serio, sobre todo ante la impactante crisis de nuestros tiempos: la planificación productiva y el intercambio de bienes. Había producciones de las zonas costeras y de baja altura; de las zonas de alta montaña y de las terrazas andinas; y la correspondiente a los faldeos tropicales. Así había disponibles cereales, tubérculos, frutas, proteínas animales y fibras textiles, entre otros bienes. El mayor problema estaba ligado con la falta de animales de transporte adecuados, ya que los camélidos americanos a los que se apelaba no tienen una suficiente capacidad de carga.
A diferencia de los posteriores diseños europeos para América Latina no se sufrían problemas como el señalado por el gran economista argentino Alejandro Bunge, en su obra “Una nueva Argentina”, propio del diseño que dio al país la visión colonialista que el hoy Reino Unido dio al país. Bunge llamó a
Y la cuestión de la tierra constituye un eje central. Como lo fue históricamente en todas las etapas de crecimiento de diferentes civilizaciones. Es muy poco probable que la famosa y no tan cierta “democracia ateniense” (en verdad una aristocracia extendida) hubiese podido darse a lo largo del Siglo V antes de nuestra era (ANE) si muy a comienzos del Siglo VI ANE no hubiese existido un señor llamado Solón de Atenas, luego uno de los “Siete Sabios de Grecia”, que realizó una serie de reformas económicas, como la creación del dracma (moneda que duró 26 siglos hasta ser absorbida por el euro) y la reforma tributaria, pero, esencialmente una virtual reforma agraria al dejar sin efecto las deudas de los campesinos pobres y liberar de la servidumbre a todos aquellos que habían caído en ella por no haber pagado aquellas. Atenas resolvió en buena medida sus graves conflictos sociales de entonces e inició una nueva etapa económica que le permitió una centuria después asumir el imperialismo armado, suavizado algo más tarde en imperialismo comercial.
También en Roma la cuestión de la tierra fue clave para su despegue. Habían pasado unos tres siglos y medio desde su mítica fundación el 21 de abril del 753 ANE y la por entonces república tenía 142 años de vida desde el abandono de la monarquía. Los problemas tenían cierta similitud con los de
Así fue como un tribuno de la plebe llamado Cayo Licinio Calvo Estolon, conocido simplemente como Licinio, allá por el 367 ANE eliminó la servidumbre por deudas y los que habían caído en ella fueron liberados. Pero además puso fin al latifundio ya que se fijó un tope para la propiedad de 500 yugadas, el equivalente a nada más que
Pero el ejemplo más claro de la vinculación del atraso con la servidumbre y la explotación de la tierra fue el informe del ejército ruso al zar Alejandro II explicando su derrota en
Tambi
La nueva CPE boliviana está lejos de equipararse a
- Fernando Del Corro es periodista, historiador graduado en
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