Reconstruir la izquierda democrática
20/05/2010
- Opinión
Hemos vivido durante las dos últimas décadas una coyuntura nacional e internacional favorable para que en Colombia, como ha sucedido en otros países de América Latina, pudiera acceder al gobierno y al poder un partido o un proyecto político que desde la izquierda democrática liderara los cambios profundos, antineoliberales y libertarios que permitieran construir de manera estable un modelo de sociedad basado en la soberanía, la democracia, la equidad social y la paz. Forman parte de este mapa internacional la crisis económica, social y ambiental que experimenta el capitalismo y la resistencia y lucha de los pueblos de Medio Oriente y América Latina.
Vino primero, al comenzar los años noventas, la desmovilización del M-19 y la integración del movimiento Alianza Democrática M.19 (A D M-19), quizás el primer proceso político en América Latina, que encontró en Colombia una inmensa simpatía y un amplio respaldo de la opinión nacional, suficientes para enfrentar, desde la izquierda, el modelo de la globalización neoliberal. Está pendiente el juicio sobre ese proceso, pero cabe destacar que algunos de sus errores como la actitud conciliadora con el régimen y el gobierno, la ausencia de contenido y compromiso con un proyecto político alternativo, la fragilidad táctica para implementarlo, la actitud caudillista y parlamentarista y el aislamiento de la lucha popular, entre otros, se calcaron por sus protagonistas para el proceso del Polo Democrático Independiente (PDI) en el año 2003. Esto, por supuesto, sin desconocer la incidencia que en el fracaso de la A D M-19 pudieron tener el fortalecimiento del narcotráfico, la emergencia del paramilitarismo y la ofensiva contra los líderes de la izquierda.
Esta carga, más un fuerte lastre del pragmatismo de la política tradicional, llegaron con el PDI a la confluencia con Alternativa Democrática (AD) en el Polo Democrático Alternativo (PDA) en noviembre de 2005.
El PDA constituye el proyecto de unidad más amplio y ambicioso en la historia de la izquierda colombiana, llamado por las condiciones políticas del país en el momento de su formación, por el contenido de su ideario de unidad y por el instrumento unitario de organización plasmado en sus estatutos, a liderar desde la izquierda democrática la reconstrucción política y social del país.
Surge el PDA en un momento y en unas condiciones altamente favorables para volver realidad ese propósito político. De un lado, en una coyuntura crítica del capitalismo mundial, por el acomodo en su fase de globalización neoliberal y de otra parte, cuando se vive un ascenso de transformaciones libertarias y democráticas en Latinoamérica y en general en el llamado tercer mundo. Proceso que expresa una respuesta multidireccional a los efectos de recolonización, antidemocracia, pobreza y miseria generados por el neoliberalismo.
Surgió, como el proyecto de izquierda democrática, ético y unitario con vocación para liderar, en un momento de profunda crisis institucional del Estado y de los partidos políticos tradicionales, la reconstrucción ética, política, económica, social, cultural y ambiental del país.
Después del fracaso de la AD M-19, el pueblo confió nuevamente en un proyecto de izquierda como el PDA y en esas circunstancias el país se polarizó políticamente entre la extrema derecha, en el poder y la izquierda representada por el Polo.
No pueden ser interpretados de otra manera, entre otros, acontecimientos políticos como la elección de Garzón a la alcaldía de Bogotá en octubre de 2003; los 2 700.000 votos a favor del candidato del PDA, Carlos Gaviria, en la elección presidencial del 2006, hecho que colocó al Polo como la segunda fuerza electoral del país; y la elección en el 2007 de Samuel Moreno como alcalde de Bogotá y de Antonio Navarro como gobernador de Nariño.
Por las condiciones objetivas, el PDA estuvo en la puerta de liderar el cambio y resultó inferior a las oportunidades y a sus responsabilidades.
Hay que destacar que en el 2007, a pesar de los errores cometidos por el partido en los años inmediatamente precedentes, el país seguía creyendo en el PDA. Prueba de ello es la elección de Samuel Moreno, que no hubiera podido darse sin un alto índice de credibilidad política de la opinión en el PDA.
Los factores determinantes del fracaso
Algunos elementos fundamentales, entre muchos otros, llevaron a que el PDA no fuera capaz de materializar el proyecto de la izquierda democrática en Colombia: la ofensiva demoledora del régimen y de sus medios del comunicación contra el PDA; la instrumentalización mediática a que se prestaron dirigentes del PDA para el éxito de esa ofensiva; las prácticas parlamentaristas, caudillistas, clientelistas y corruptas que se impusieron al interior del PDA; la actitud grupista y hegemonista de algunos sectores del partido; la concentración del partido en Bogotá; la manera como se abordó la llegada a los gobiernos locales y a los escenarios de representación popular; el débil trabajo organizativo; y la ausencia de formación política en el partido.
Ante los acontecimientos políticos señalados y particularmente frente al resultado de la elección presidencial de 2006, se vino una ofensiva política del régimen contra le Polo, primer proyecto, en varias décadas que puso en peligro la estabilidad política del establecimiento, como ya lo habían hecho de manera triunfante otros procesos democráticos en Latinoamérica. Esta ofensiva se centró en golpear el liderazgo de izquierda democrática de Carlos Gaviria Díaz dentro del PDA. Se recurrió para ello a la estigmatización y el macartismo y a la instrumentalización mediática de dirigentes de la corriente centrista del partido. Hoy, cuando se han hecho públicos documentos incautados por la Fiscalía en allanamiento al DAS, queda claro que uno de los propósitos del régimen era ´´generar división al interior de los movimientos de oposición´´ y ´´promover acciones en beneficio del Estado para las elecciones del año 2006´´, teniendo como un blanco ´´los partidos políticos opositores al Estado´´.
Aquí adquiere contorno político el comportamiento de Pabones, Bustamantes y otros rufianes de la misma laya, así como de personajes que merodeaban tangencialmente el Polo según sus particulares conveniencias en cada momento.
Esa estrategia del régimen tuvo efectos parciales en el resultado de la consulta del Polo para escoger su candidato presidencial a las elecciones de mayo de 2010.
Esa ofensiva apuntaba además, a dividir el partido fortaleciendo en el Polo una corriente de centro derecha para entonces liderada por Luís Eduardo Garzón y Gustavo Petro, quienes en su afán de protagonismo personal, sin lealtades partidistas, ni espíritu colectivo, contaron durante un largo periodo con los medios masivos para lanzar bocanadas y plumadas de fuego contra la izquierda democrática y particularmente contra Carlos Gaviria. Hay que destacar, como lo señalamos en los documentos: CARLOS GAVIRIA, NO HAY MEJOR OPCIÓN PARA LA DEMOCRACIA y A VOLTEAR LA TORTA, que la disputa ideológica y política interna en el partido confrontaba a la izquierda democrática y al centro derecha.
Se quiso conducir al Polo a un nuevo proyecto político de centro, desdibujando el perfil de izquierda del partido, creyendo ingenuamente que el Polo podía desplazar el abigarrado ramillete de liderazgos del centro. Ni se fortaleció como izquierda, ni pudo encontrar espacio o votos en el centro y la derecha.
Hay quienes piensan que el comportamiento de Petro y de algunos de sus más afines coequiperos, respondía a una táctica electoral. Hay que dejar claro que ello no era así, pues Petro y Garzón desde tiempo atrás articularon un proyecto ideopolítico de centro derecha que entró a confrontar de manera abierta, expresa y pública el carácter de izquierda democrática del ideario de unidad del PDA. Este tema fue analizado por Polo al Sur, con suficientes elementos, particularmente en los documentos: CARLOS GAVIRIA, NO HAY MEJOR OPCIÓN EN LA DEMOCRACIA y LA UNIDAD DEL POLO ES ESTRATÉGICA PARA LA DEMOCRACIA.
Por eso, cuando se impone en la consulta la candidatura de Petro, el proyecto de izquierda que es la única opción de cambio, comienza a desposicionarse en la opinión y avanza en consecuencia a lo que hoy tenemos, la perdida de protagonismo de la izquierda, la perdida de su espacio en el mapa de la política electoral y su desplazamiento por el centro.
La ofensiva del régimen contra la izquierda democrática del Polo estuvo reforzada por la práctica clientelista de espacios que aparecían dispersos entre las dos corrientes internas del partido
Para la mayoría de quienes detentaban las migajas de poder del PDA (parlamentarios, diputados, concejales, ediles, gobernadores o alcaldes) el partido no tenía un interés mas allá del beneficio que su buena imagen pudiera prestarles para reproducir y multiplicar sus privilegios personales, su posicionamiento individual y en otros casos, el crecimiento vegetativo de sus grupos.
Ni la construcción del partido, ni el valor de sus miles de militantes formaron parte de sus intereses y preocupaciones. El militante, ese semillero de hombres y mujeres políticamente experimentados que convoco el Polo y que tanto le han constado a la sociedad, nunca fue entendido como un constructor de partido, de proyecto político y de organización, de constructor de proceso social, de proyecto de sociedad y vida. El partido ni siquiera ha contado con una base de datos de sus militantes y simpatizantes.
Los intereses de muchos de esos dirigentes eran tan ajenos a la democracia, fue tan estrecha y corta su formación y su visión política, estaban tan enajenados en la cultura individualista con la que el neoliberalismo permeó a gran parte de la izquierda o estaban tan ensimismados en sus egos y su arribismo, que no cupo en sus espacios y preocupaciones la imperiosa necesidad del partido para garantizar la construcción y sostenibilidad de los intereses generales de la democracia y de la sociedad, pero aún más, ni siquiera para entender la conveniencia del partido para la reproducción de sus particulares liderazgos e intereses.
Los sectores que se reclaman de la izquierda radical no lograron superar su esquema de trabajo grupista dentro del partido y los independientes y los núcleos socialistas tampoco lograron construir una fuerza que incidiera en el partido.
Contra el interés y la voluntad mayoritarias de las bases y de la opinión democrática que esperaban que el Polo se convirtiera en el proyecto unificado –que no unanimista– y auténticamente alternativo que reclamaba el sentimiento democrático del país, la mayoría de las corrientes que asumieron la conducción del Polo, utilizaron el partido como una sombrilla, disfrutaban el cuarto de hora del PDA para satisfacer sus intereses parlamentarios, personales o de grupo.
Nunca entendieron la profundidad y riqueza de una excepcional coyuntura interna e internacional. Fueron inferiores a los intereses de una trasformación profunda que la democracia depositó en el Polo.
En un clima electoral y pragmático como el que ha imperado en el Polo, el debate de las ideas y la construcción del proyecto pasaron a un segundo plano, por no decir que no existieron. En los niveles de prepotencia e intolerancia a los que se llegó en el PDA, la crítica no era respondida con ideas sino con silencio y exclusión.
La utilización, especialmente por un sector del PDA, del aparato del partido, de las campañas, de los candidatos, y de los recursos, para fortalecer su propio proyecto, contrariando el mandato estatutario y el acuerdo político de que el PDA no era un frente político sino un nuevo partido unificado y organizado fue un elemento más que incidió en la crisis del PDA. El PDA pasó a un segundo plano, porque el proyecto político y orgánico principal era el suyo propio. El Polo se convirtió así, en un instrumento táctico en el que se debía hegemonizar para obtener mejores dividendos. En documentos como: EL POLO UNIDO… (30/11/2006), LA UNIDAD DEL POLO ES ESTRATÉGICA PARA LA DEMOCRACIA (10/10/2008) y PROPUESTAS REFORMA ESTATUTARIA dejamos planteado el espíritu y las iniciativas sobre la configuración de las tendencias.
Este comportamiento fue creando contradicciones en los territorios, que se intensificaron en las coyunturas electorales y que condujeron a muchos sectores de izquierda del Polo a colocarse, como una medida defensiva, al lado de Petro en las confrontaciones internas del partido. La gente no quería vivir o repetir la experiencia de rigidez, centralismo y hegemonismo de la vieja izquierda. Buscaba, como lo señalan los estatutos, un partido nuevo, sin intermediación para su pertenencia, pluralista, incluyente, participativo y respetuoso de la iniciativa, creatividad y autonomía de los territorios en sus respectivas competencias.
En términos de cooptación la unidad no tenía, ni tiene futuro.
No puede soslayarse el papel que en la crisis del PDA jugaron la concentración de esfuerzos en torno al aparato del Estado, sin profundizar las relaciones con el movimiento social y político de resistencia popular; así como, la ambivalencia frente a temas como el del conflicto armado que llevaron a que fueran sectores del partido liberal los que tomaran la iniciativa en ese campo.
Se reversa el mapa de la política nacional
Un partido que, por las condiciones señaladas se configuró desde el comienzo como un proyecto electoral y parlamentario, aislado de las luchas y las dinámicas reales del movimiento social, fue presa fácil para que la ofensiva mediática debilitara su credibilidad en la opinión pública. Si bien el partido mantiene una votación similar a la obtenida en la elección parlamentaria del 2006, para la elección del 14 de marzo de 2010, el PDA pierde tres curules en el Senado y tres curules en la Cámara de Representantes.
Esta compleja dinámica que vivió el PDA, particularmente a partir de las elecciones presidenciales de 2006 no sólo debilitó y desperfiló al Polo, sino que más en el fondo, contribuyó a cambiar el mapa favorable para el PDA de polarización política entre la ultraderecha y la izquierda, que fue el marco de la dinámica política del país desde el 2003.
La precandidatura y la candidatura de Petro agenciando un discurso de centro y una actitud de conciliación política con la derecha desdibujó, la imagen de izquierda y la presencia electoral del PDA.
Con esta postura el Polo se quedó sin una propuesta de izquierda y la izquierda se quedó sin propuesta para la coyuntura electoral, lo cual facilitó el posicionamiento del centro como competencia de la extrema derecha.
En las últimas semanas, concretamente a partir del acuerdo concertado al interior del polo, Petro retomó el discurso de izquierda, hecho importante para mostrar la izquierda diferenciada del centro y de la ultraderecha y para detener el descenso en que venía la campaña, pero demasiado tardío para reversar la polarización entre la ultraderecha y el centro.
El gran error estratégico de esa campaña, como lo señalamos varias veces y en diferentes debates y documentos, fue el de apropiarse del discurso del centro desechando el proyecto político de la izquierda democrática; el de pretender que el Polo se convirtiera en un proyecto de centro. La ultraderecha tiene su espacio y sus líderes; el centro tiene sus espacio y sus líderes y el espacio del Polo era el del cambio real, el de la izquierda democrática.
El discurso del centro el país se lo cree a Mockus, Fajardo, Peñalosa, o aún al partido liberal, a líderes auténticos del centro, pero no se lo iba a creer al Polo ni a Petro.
La sensación de corrupción, oscuridad y podredumbre que envuelve los actos del gobierno de Uribe, las chuzadas, los falsos positivos, la parapolítica, la yidispolítica, etc., etc., una vez se produjo el fallo de la Corte Constitucional contra el referendo reeleccionista y quedó claro que Uribe no sería candidato, llevó a que se rompieran las ataduras de la opinión a un régimen autoritario, a que se liberaran las energías reprimidas y se comenzó a desgastar la ultraderecha. Ante el vacio competitivo de la izquierda, se disparó una figura excéntrica, característica del centro, como Mockus, reconocido como un hombre ético.
Después de ocho años de un gobierno como el de Uribe, en el que se dispararon la corrupción y el clientelismo, la imagen ética de Mockus y el manejo innovador de la campaña de las precandidaturas del partido verde se convirtieron en factores que espontáneamente convocaron la simpatía y el apoyo a su candidatura.
Otro elemento que facilitó el ascenso de Mockus y el respaldo incluso de algunos sectores empresariales, fue el temor a un continuado aislamiento internacional del país y particularmente frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia, por sus implicaciones económicas.
De esta manera el Polo quedó aislado y el mapa de la política entró a recomponerse y fue copado por la confrontación entre al ultraderecha y el centro, con una tendencia ascendente para este último espacio. El centro desplazó a la izquierda y avanza a derrotar a la ultraderecha. En esta nueva polarización electoral se desgastan cada vez más las candidaturas marginales, en la misma proporción en que crece la polarización.
A reconstruir la Izquierda Democrática
A pesar de las dificultades y obstáculos a los que hemos hecho referencia, la historia del Polo no ha terminado. La construcción del proyecto como fue concebido, en lo esencial del ideario de unidad y de los estatutos, apenas comienza. Lo que no puede es continuar con los mismos criterios y prácticas, responsables de la derrota electoral de la izquierda democrática. El problema es político, no personal, hay que preservar la unidad del Polo sin exclusiones, pero con absoluta claridad sobre las reglas de juego. Hay que reconstruir el Polo y ésta es una tarea de mediano plazo. Esta es una responsabilidad ineludible que descansa en el esfuerzo conjunto de quienes por dentro y por fuera del Polo quieran con sinceridad, honestidad, y espíritu colectivo reconstruir el proyecto de la izquierda democrática, sin importar el campo en el que hayan jugado en la consulta del PDA. Hay muchos espacios con este perfil dentro del Polo. De entre ellos queremos destacar líderes caracterizados por sus posiciones de izquierda democrática y por su sentido colectivo como Wilson Arias, Iván Cépeda, Alexander López y Germán Navas Talero.
Carlos Gaviria Díaz es un líder llamado a cumplir una responsabilidad muy importante en la reconstrucción política de la izquierda democrática.
Resultaría muy larga y riesgosamente excluyente la lista de líderes, de todos los niveles territoriales y políticos, llamados a comprometerse en el esfuerzo de reconstrucción de la Izquierda democrática.
Lo importante es tener muy claro que la recuperación del proyecto político de la izquierda democrática hay que hacerla desde la base política y social, a partir del PDA y con unas reglas de juego muy claras:
La lucha frontal contra todas las expresiones de clientelismo, corrupción, caudillismo y parlamentarismo al interior del Polo se convierte en una tarea inaplazable. No es posible construir o reconstruir la izquierda democrática con el germen del clientelismo y la corrupción actuando desde el interior del partido. La lucha para acorralar y derrotar estos comportamientos en el seno del partido se convierte en una tarea fundamental.
Ratificar, en lo sustancial, el ideario de unidad como la guía que demarca el contenido ideopolítico del PDA, es una base elemental en el esfuerzo de reconstruir la izquierda democrática.
Preservar el pluralismo de matices de la democracia al interior del Polo, expresados como tendencias que identifiquen inequívocas corrientes del pensamiento y que actúen en el marco del ideario de unidad y de los estatutos.
Preservar la unidad y la organización del PDA sobre el principio básico de la democracia, de acatar las decisiones adoptadas por consenso o por las mayorías estatutarias. Ello exige reglamentar, de manera inequívoca, ¿Quiénes pueden intervenir en la toma de las decisiones fundamentales del partido?, ¿Cómo elegir los delegados y delegadas al congreso?, ¿Cuáles son los requisitos para participar en las listas de candidatos y candidatas a las corporaciones?, ¿Cuál es el carácter de las listas y el procedimiento para integrarlas? Estos son, entre otros, algunos de los temas estatutarios que se deben revisar.
La convocatoria a participar en este esfuerzo de reconstrucción de la izquierda democrática a todas las expresiones democráticas del movimiento social.
Hacer de la internacionalización de la lucha contra la globalización neoliberal una tarea fundamental del partido y especialmente la defensa y promoción de la integración Latinoamericana.
Preparar dentro de estos criterios un nuevo Congreso Nacional del PDA que trace las directrices para recuperar la legitimidad e institucionalidad de la izquierda democrática en Colombia.
¿Cómo actuar en las elecciones presidenciales?
A un mes de la primera vuelta para la elección presidencial, la tendencia de polarización entre la extrema derecha y el centro resulta irreversible, porque, como lo hemos señalado, se trata de una tendencia marcada por la estrategia política y no simplemente por la táctica electoral. La izquierda fue marginada de la competencia presidencial de 2010 y ella se disputa ya en la confrontación entre la extrema derecha y el centro. Ninguna táctica ni fórmula de marketing, por habilidosas que sean, podrán reversar esta tendencia.
Ni la ultraderecha, ni el centro representan los intereses democráticos de la gran mayoría de los colombianos y la izquierda, representada por el PDA, se ha quedado con las banderas de la democracia pero sin ninguna opción en la contienda presidencial.
La ultraderecha convoca a “mejorar” y continuar el régimen de ´´la seguridad democrática´´, ´´la confianza inversionista´´, y ´´la cohesión social´´, configurado durante los dos gobiernos de Uribe Vélez.
El centro, hoy marcadamente representado por Mockus, se distancia de la cultura y el poder mafioso articulado por la ultraderecha y de su acción montada sobre las más pervertidas prácticas del crimen, la corrupción y el clientelismo, pero por otra parte, nutre su modelo de Estado, economía y sociedad con los perfiles básicos de la globalización neoliberal, con lo cual se distancia sustancialmente de las luchas de resistencia que libran los pueblos y las comunidades por la soberanía, la equidad social y la paz. Banderas que, por sustracción de materia, no pueden formar parte de los idearios de la ultraderecha o del centro.
Solo la izquierda democrática puede enarbolar consecuentemente las banderas de la unidad internacional y de su resistencia contra el neoliberalismo, de la movilización y organización social y política de las capas medias y pobres en sus luchas contra las inhumanas políticas del capital, impuestas por las élites imperiales y su regímenes obsecuentes. Por ello, la reconstrucción de la izquierda democrática es una tarea imperativa para la lucha libertaria y justiciera del pueblo colombiano. El ideario de unidad del PDA es una buena síntesis de la agenda de la izquierda democrática.
Reiteramos nuestro compromiso radical y consecuente con las causas y las luchas democráticas de nuestro pueblo, en el entendido de que ellas forman parte de la construcción de un nuevo orden social, el socialismo.
En estas circunstancias, resulta imperativo para le PDA avanzar con su candidato propio hasta la primera vuelta, para buscar una presencia lo más significativa posible en ese evento eleccionario, por cuanto lo que estaría en juego en el caso de una derrota contundente para el Polo, no es la figura del candidato, sino el proyecto político de la izquierda democrática.
La posición que asuma el Polo para la segunda vuelta es un tema táctico que esta dependiendo de lo que más convenga a la estrategia política de la izquierda y de los resultados que arroje la primera vuelta.
Hemos solicitado en el Comité Ejecutivo Nacional convocar para la primera semana de junio, la Dirección Nacional del PDA para que sea ella la que decida al respecto, por cuanto su carácter más incluyente y participativo resulta conveniente para la unidad del partido. En todo caso, acataremos la decisión que se adopte institucionalmente por el PDA.
* Los textos citados pueden consultarse en: www.polodemocratico.net - Tendencias – Polo al Sur.
- Alberto Téllez Iregui, Comité Ejecutivo Nacional PDA, Polo al Sur
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