El llamado de Quito
Declaración sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales
25/08/1998
- Opinión
Al mismo tiempo que en todo Ecuador se especulaba acerca de las orientaciones del programa
económico y social del gobierno recientemente electo en este país, se reunían en Quito, del 22 al 24
de julio, representantes de 50 organizaciones y 5 redes de la gran mayoría de países de América
Latina, para reclamar por una nueva forma de desarrollo basada en el pleno disfrute de los derechos
económicos, sociales y culturales. El evento representó la reunión más grande realizada en el
continente dedicada a estos derechos, y produjo una Declaración sin precedentes. Al cabo de la
misma, representantes de las Naciones Unidas reconocieron en el documento aprobado un aporte
transcendental en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Jose Bengoa, relator especial de las
Naciones Unidas presente en el certamen, dijo: "ésta fue una reunión más que sobresaliente...".
Co-organizado por el Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES) y tres de las más
importantes redes regionales en materia de derechos humanos, la Plataforma Sudamericana de
Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PSDHDD), La Asociación Latinoamericana de
Organizaciones de Promoción (ALOP), y las ligas latinoamericanas de la Federación Internacional
de Derechos Humanos (FIDH), el encuentro produjo una Declaración que reconoce en la creciente
pobreza y desigualdad de la región, así como en las politicas económicas impuestas por gobiernos e
instituciones internacionales, la principal fuente de sacrificio para los derechos de millones de
personas. Para nadie es un secreto que hoy día, en América Latina, las masivas violaciones de los
derechos económicos, sociales y culturales (DESC) afectan a la gran mayoría de las poblaciones y
resultan en miles de muertos evitables cada año.
La Declaración postula que los DESC sirven para reconocer la dignidad de la persona e incluyen
los derechos de salud, alimentación, vivienda, educación, trabajo y cultura, y como tales están
reconocidos en todas las declaraciones y convenios de derechos humanos, empezando con la
Declaración Universal de los Derechos Humanos (que el mes de Diciembre próximo cumple 50
años), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones
Unidas, o, en nuestro ámbito regional, el Protocolo Facultativo de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (CADH), también llamado Protocolo de San Salvador.
Base democrática
Constituyen asimismo base esencial para construir verdaderas democracias, entendiendo éstas
como un conjunto de prácticas socio-políticas que nacen de la participación y libre
autodeterminación de ciudadanos y pueblos. La negación de estos derechos lleva a la exclusión de
las mayorías, rompe los lazos de integración y alimenta la segregación social y la violencia. Por eso
es urgente estos derechos, como guía para la formulación de leyes, políticas y prácticas de los
gobiernos. Por esa misma razón existe también la necesidad de usarlos como herramienta para
cuestionar las leyes, políticas y prácticas que amenazan su plena realización. Sobre todo en
contextos en los que se pretende que el hombre sirva a la economía y no al revés.
La Declaración aprobada incluye un amplio y variado repertorio de Principios que definen
obligaciones que, como en el caso de los derechos civiles y políticos, resultan igualmente exigibles a
los Estados en materia económica y social. Sin éstos, se afirma, los Estados son incapaces de
garantizar el funcionamiento de sociedades justas y, peor aún, se incapacitan para legitimar su
propia existencia.
En este campo, no sólo los Estados están obligados a respetar, proteger y promover el ejercicio de
los DESC. También lo están las empresas y actores como los organismos financieros
multilaterales. Los Estados y la comunidad internacional tienen el deber de prevenir y sancionar la
ocurrencia de violaciones de los DESC por parte de estos actores. En nuestro país, concretamente,
a aquellas empresas que abusan de sus trabajadores, niegan los derechos de los Pueblos Indígenas o
contaminan nuestro medio ambiente. Para que ello ocurra, la gente puede y debe hacer exigibles
estos derechos a través de variadas vías: las judiciales y administrativas, la presión pública nacional
e internacional, o por medio de la concertación de iniciativas legislativas, entre muchas otras. Y
para que ello suceda, se necesita una sociedad de derechos y de ciudadanos con capacidad de exigir
tales derechos. No una sociedad de privilegios con mayorías excluídas, toda suerte de
autoritarismos o -cuando al Estado o al poder económico se les ocurra- beneficencia social.
Naturalmente, no sólo se sintieron convocados por este llamado a la acción en favor de los DESC,
los activistas e instituciones latinoamericanas comprometidas con la realización de los derechos
humanos, (como sería el caso de la FIDH o la PSDHDD); o las ONGs ocupadas desde hace años
en promover el desarrollo regional y local en sus diferentes formas (como sería el caso de ALOP).
Sumaron también al Encuentro su voz y larga experiencia en la materia, organizaciones regionales
que luchan en favor de los derechos de los trabajadores y de las mujeres, tales como ORIT y
CLADEM. ?Hemos venido a enriquecer un Encuentro destinado a potenciar las iniciativas y
acciones que, desde nuestros respectivos enfoques, llaman también a reivindicar los derechos de la
persona ¿con independencia de su sexo, raza, origen nacional, ideología u ocupación- en el campo
económico, social y cultural? dijeron entonces Iván Gonzales y Roxana Vásquez, a nombre de
ambas organizaciones, respectivamente.
La Declaración Continental aprobada en Quito aporta un listado preciso y detallado de iniciativas
por concretar en este campo, y hace una decidida convocatoria a los gobiernos en general, a los
Estados americanos, a las instituciones intergubernamentales (tipo el FMI y el Banco Mundial), a
las empresas multinacionales y nacionales, y a la sociedad en su conjunto, para adoptar un
programa común y un firme compromiso en favor de la plena realización de los DESC como
fundamento imprescindible para arribar al nuevo Milenio como sociedades integradas alrededor de
modelos de desarrollo centrados en el hombre, por el hombre y para el hombre. Nuestra tarea es
entonces hacer que ello se haga realidad.
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