La exclusión cobra victimas fatales
20/11/2002
- Opinión
Buenos Aires: Las imágenes de niños desnutridos en una de las provincias
con suelos más ricos del país, la de Tucumán, llamada "el jardín de la
República" por la variedad y belleza de su flora, fueron un duro golpe
para los argentinos. La crisis continúa firme a pesar de los anuncios de
reactivación que se hace desde las oficinas gubernamentales. Las
consecuencias de las políticas económicas neoliberales impuestas en el
país durante la década del 90 ya son tangibles y cobran sus víctimas en
los más pequeños e indefensos. Esta semana murieron 6 niños de hambre en
la mencionada provincia, que se suman a otros 359 recién nacidos que
fallecieron allí en lo que va del año, aunque no todos por problemas de
mala nutrición. No obstante, las frías estadísticas señalan que todos
los días mueren en Argentina 3 niños por inanición o enfermedades ligadas
con la pobreza.
A comienzos de la década del 90, el teólogo brasileño Jung Mo Sung
realizaba un análisis pormenorizado de la ideología neoliberal de mercado
en su libro Deus numa economia sem coracao. Allí afirmaba con dureza que
"la exclusión y la muerte de los pobres es una condición para la armonía
y la abundancia de los integrados del mercado. La muerte de los pobres
es una condición y un camino para la implantación total del sistema del
mercado". Durante la década del 90, el PBI argentino creció un 55%, pero
la riqueza quedó en pocas manos y no se distribuyó sino que, por el
contrario, enormes sumas de divisas fueron giradas al exterior en una
huída de capitales sin precedentes que fueron a engrosar los bienes de
empresas transnacionales o de la alta burguesía argentina, tan apátrida
como el dinero que maneja.
Desde la devaluación del peso ocurrida a comienzos de año, los salarios
en el mercado formal bajaron un 20% y en el mercado informal, un 40%,
mientras que los productos de la denominada "canasta familiar" acumulan
un alza del 73,5%. Según estudios recientes de consultoras privadas,
sólo el 20% de la población cuenta con ingresos superiores a la canasta
media, mientras que más del 50% de la población vive en la pobreza. Las
últimas estadísticas también dan cuenta de que los salarios argentinos
son los más bajos de América Latina, equivalentes a un promedio de 230
dólares mensuales.
La exclusión de la niñez
Hay provincias argentinas donde el 20% de los recién nacidos ya sufren de
desnutrición. Provienen de hogares de desempleados o de subocupados que
hace varios años que no tienen acceso a los alimentos básicos, ni a la
atención de su salud, ni a condiciones mínimas de dignidad. La
desnutrición infantil y la trágica muerte de niños por hambre, que ahora
cobra los titulares y los reportajes de los principales medios, no son
más que la punta del iceberg de una situación social que explota. Los
niños desnutridos son hijos de madres mal alimentadas y fruto de un
sistema económico que provocó un alza brutal del desempleo - el 22% de la
población económicamente activa - el cierre del fábricas y centros de
producción agrícola, y la concentración de la tierra cultivable y de los
medios de producción en pocas manos.
La población campesina se volcó a las cercanías de las ciudades esperando
encontrar allí mejores oportunidades de trabajo. Pero no fue así, la
recesión también golpea fuerte a la población urbana y las condiciones de
pobreza se agravan en los asentamientos. Son los niños pequeños los más
afectados. Si sus familias no reciben ayuda social de entes
gubernamentales o privados, es muy probable que no accedan a una comida
completa ni una vez al día. El relato de una madre tucumana contando que
su bebito, ya fallecido, había vivido un mes tomando sólo infusión de
yerba mate, estremece.
La situación de los niños en edad escolar no es mejor. La mayoría de las
escuelas públicas en las zonas que rodean a las grandes ciudades se han
convertido en comedores populares. De las cuatro horas de clase, los
niños pasan la mitad entre desayuno o merienda y almuerzo. Estudios
realizados por psicopedagogos señalan que buena parte de los niños ya no
realiza un aprendizaje adecuado. Concurren a la escuela a comer y porque
allí se sienten contenidos. Juegan con sus amigos, se alejan de la calle
por cuatro horas, pero no cumplen con sus tareas, ni estudian. Las
secuelas de la mala alimentación que recibieron desde pequeños ya son
notorias. Según informes de la Sociedad Argentina de Pediatría, los
niños de hogares muy pobres, que recibieron alimentación insuficiente
durante los primeros 2 años de vida, cuando llegan a los cinco años
presentan un coeficiente de desarrollo inferior al normal. Es difícil
prestar atención en el aula cuando el estómago está vacío.
Ahora que las fotos de los desnutridos pueblan los principales periódicos
se hará una gran campaña para alimentar a las familias pobres de Tucumán.
"Iremos casa por casa", señala Hilda "Chiche" Duhalde, esposa del
presidente de la Nación, quien puja por ser considerada adalid de la
solidaridad con los más necesitados. Si bien los bolsones de comida y la
atención de emergencia son más que necesarios en hogares paupérrimos,
¿comenzarán las autoridades a cuestionar el modelo económico imperante
que continúa generando pobreza y exclusión? ¿En qué medida se evitará
caer en prácticas clientelistas, donde el electorado pobre es, sin duda,
funcional al sistema?
En un reportaje radial, un representante de organizaciones populares
señalaba que "en los piquetes no hay niños desnutridos". Allí, el
trabajo solidario, el apoyo mutuo y el compartir de recursos permiten
evitar situaciones extremas. Los movimientos sociales de base se
esfuerzan por evitar que sus niños y sus jóvenes pierdan fuerza física e
intelectual. Para luchar por una sociedad más justa hacen falta
dirigentes lúcidos y enfrentar el hambre es más que distribuir comida
gratuitamente. Forjar hombre y mujeres sanos, alfabetizados y
conocedores de sus derechos es ya un deber social. Terminar con años de
exclusión, también.
https://www.alainet.org/pt/node/106600
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