Enfermedades de transmisión sexual y VIH/SIDA desde una perspectiva de prevención

10/10/2007
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La epidemia del VIH/SIDA sigue en aumento, especialmente en América Latina y el mundo en desarrollo, con el consiguiente aumento de otras problemas de salud pública como la tuberculosis resistente a los antibióticos. Al tiempo que esto confirma el fracaso de gran parte de las iniciativas para frenar la epidemia, demanda también un cambio de estrategias. Pero ¿cómo hacerlo?

El número de personas que adquieren infecciones de transmisión sexual (ITS) crece sin pausa. A nivel mundial, surgen cada año 340 millones de casos nuevos de sífilis, blenorragia, clamidiasis y tricomoniasis entre hombres y mujeres. En 1999, en América Latina y el Caribe, se produjeron 9,5 millones de infecciones por Chlamydia, 7,5 millones de casos nuevos de gonorrea, 3 millones de casos de sífilis y 18,5 millones casos de tricomoniasis. Para diciembre del 2006, las personas viviendo con el VIH/SIDA en el mundo eran 39,5 millones (1,7 millones en América Latina). Fallecieron 2,9 millones.

Ante este panorama, ¿qué se puede decir de las diversas intervenciones para ponerles freno a las enfermedades de transmisión sexual (ITS)? Que han fracaso estrepitosamente, que no se ha entendido el problema en sus verdaderas y múltiples dimensiones.

“Al estudiar la concentración cada vez mayor del VIH/SIDA, en los países del mundo en desarrollo”, nos dice Richard G. Parker, profesor de la Universidad de Río de Janeiro, “hemos comenzado a entender las consecuencias perversas que provocan modelos específicos de desarrollo económico (impuestos verticalmente) y que de hecho han funcionado para producir y reproducir estructuras de dependencia económica y procesos de desintegración social”.

Para revertir la tendencia del VIH/SIDA y las enfermedades infecciosas, tenemos que pasar de programas informativos, cuyo objetivo supuesto es cambiar comportamientos individuales, a programas educativos basados en construcciones colectivas liberadoras.

A nivel comunitario, se puede trabajar con la Teoría de la Educación de Apoderamiento, basada en el modelo de educación popular de Paulo Freire. Lo primero es que las comunidades involucradas identifiquen y comenten los problemas sociales, puesto que una vez que los miembros de la comunidad entienden el tema, ellos proponen, acuerdan soluciones y las ponen en práctica.

Esto no niega la necesidad de actividades a corto plazo, todo lo contrario, pero siempre en el contexto de un trabajo educativo a largo plazo, orientado al cambio de la estructura social.

“Las herramientas que se requieren para construir una visión semejante las tenemos ya a la mano”, comenta Parker. “Pueden encontrarse en el marco conceptual del movimiento internacional de lucha por los derechos humanos, de la pedagogía de la liberación, del feminismo y de la trabajadora sexual, del movimiento gay. En una palabra, en la labor de los movimientos sociales que han surgido en muchos países y comunidades del mundo entero para luchar por la igualdad y la justicia social.”

- Eulalia Freire, M. D., Investigadora de ReAct Latinoamérica. Facultad de Ciencias Médicas - Universidad de Cuenca


Cuenca - Ecuador
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