Rivera y las uniones legaloides

12/08/2010
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Con sorprendentes ocho votos a favor y sólo dos en contra, la Suprema Corte de Justicia de la Nación aprobó, el jueves 6, la constitucionalidad de la reforma al artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal, que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo y que fue realizada por la Asamblea Legislativa el 21 de diciembre de 2009. Ésta entró en vigor el 29 del mismo mes y año, y el 28 de enero de 2010 fue sometida a impugnación por Los Pinos a través de Arturo Chávez Chávez, el procurador que se anuncia como de la República, pero que actuó como abogado no de la nación que presume ser, sino de su jefe institucional.
 
El simple registro de las fechas exhibe la velocidad con que los actores políticos y sociales, del Ejecutivo y del Judicial, pusieron en juego fuerzas, tesis e ideas en una batalla decisiva que apenas el martes 10 recibió otro impulso legal formidable, al establecer la SCJN, por nueve votos contra dos, que los estados tienen la obligación de reconocer la validez de los matrimonios que personas del mismo sexo realicen en el DF.
 
Consumados los dictámenes jurídicos –aún falta el vital como polémico tema del derecho a la adopción de menores de edad por las parejas del mismo sexo que contraigan matrimonio--, el sepulcral silencio del impugnado procurador Chávez --por incompetente y abúlico ante los cientos de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y en Chihuahua--, contrasta mucho con la airada reacción de Norberto Rivera Carrera, al denominar “aberrante e inmoral” la primera decisión de la Corte.
 
El presunto protector de sacerdotes pederastas está en su obligación y derecho de dirigir a su feligresía bajo los preceptos que divulga, pero no tiene ninguno a desobedecer las disposiciones legales que obligan a todos los mexicanos. Él fue más allá: “las uniones de facto o legaloides (sic) de personas del mismo sexo son inmorales pues contradicen el proyecto divino”. Ya inspirado pero sin tragar lumbre, por medio de un comunicado que no se atrevió a leer personalmente, condenó “la violencia exacerbada que inicia con la eliminación de los más desprotegidos en el vientre materno y que se multiplica en el crimen organizado. ¡Igualitos! Por eso la jerarquía católica confiesa a los capos y lugartenientes del narco, recibe sus aportaciones económicas y les respeta el “secreto de confesión”. Y no contradicen “el proyecto divino”.
 
Alejado de las actitudes fundamentalistas del cardenal Rivera, el Comité Ejecutivo Nacional del partido del presidente, sostuvo por medio de Obdulio Ávila Mayo, que los dirigentes panistas analizan la posibilidad de recurrir a instancias internacionales para revertir el fallo.
 
Por supuesto que la batalla sigue y permanecerá si tomamos en cuenta que el también denominado cambio civilizatorio sólo involucró a la capital mexicana, mientras que en Argentina la conquista fue para todo el país.
 
La pequeña diferencia es que aquí, Felipe (del Sagrado Corazón) de Jesús Calderón Hinojosa más que como jefe de Estado actuó como fiel católico que busca imponer sus convicciones religiosas desde el poder y hacer honor a su largo y bello nombre bautismal.
 
En tales despropósitos llegó a postular desde el extranjero, como ya es costumbre en asuntos polémicos, que la Constitución “habla explícitamente del matrimonio entre el hombre y la mujer”. Mintió deliberadamente y de nada le sirvió a él y sus jefes espirituales.
 
Los trascendentes cambios materializados por la SCJN es imposible no asociarlos con la reforma estatutaria que produjo el Partido Comunista Mexicano, en 1980, para que los homosexuales pudieran militar en sus filas. La coloquialmente denominada tesis 69 resultó de largo aliento.
 
Utopía 862
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