Elecciones binominales

12/05/2013
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En medio de la campaña presidencial chilena, todos los candidatos prometen cambios. Es claro que cada uno de ellos lo entiende a su manera, dándole prioridad a tales o cuales tópicos que, según sostienen, son los que interesan a los ciudadanos. Ante tantas ofertas es bueno analizar con frialdad el asunto. Lo primero que debemos considerar es que la próxima elección compromete las presidenciales y las parlamentarias. Lo segundo es que los próximos comicios se realizarán en el marco jurídico actual, es decir, según la lógica del binominalismo.
 
Todos los involucrados saben que, en ningún caso, se pueden producir grandes debacles de un sector que abran las puertas a reformas significativas a la realidad vigente. La realidad es que es necesario doblar la votación de un oponente para impedir el empate de fuerzas en cada circunscripción en disputa. Por lo tanto, todo indica que más allá del favoritismo que muestra en el electorado la ex mandataria Michelle Bachelet, y que hace presumir un futuro mandato de cuatro años, lo cierto es que a nivel parlamentario no resulta verosímil un descalabro de la derecha. Así las cosas, se repite el patrón de un gobierno de centro izquierda con un parlamento que veta las “reformas peligrosas”. Es decir, se prolonga un duopolio que administra las reformas posibles.
 
No obstante, es claro que todos los sectores políticos, incluida la derecha, han tomado conciencia del “malestar ciudadano” que se expresa en las calles del país.  La cuestión, entonces, no radica en hacer cambios o no hacerlos, se trata más bien sobre qué cambios son necesarios y posibles a partir del contexto actual. En otras palabras, qué alcance y profundidad se le puede otorgar a la palabra cambio en el Chile de hoy. En el espectro de las candidaturas habría que instalar a la izquierda la demanda por un cambio radical del modelo, una Asamblea Constituyente, que pusiera fin a la democracia pos dictatorial. Al otro extremo, la mantención del actual orden político como garantía de un modelo económico tenido por “exitoso” por los sectores empresariales.
 
En el momento actual no se advierte un camino fácil para la trasformación democrática radical, de hecho, no pocos “progresistas” califican este camino como “fumar opio”. Pero tampoco se ve posible permanecer en el inmovilismo, como ha ocurrido hasta aquí. Si nuestra hipótesis es correcta, un gobierno de Bachelet en la presidencia con un parlamento en equilibrio, instala, con leves alteraciones, el panorama concertacionista clásico de “reformas de baja intensidad”. Esto es cierto, con dos salvedades, a saber: Un estado de movilización de amplios sectores de la ciudadanía, especialmente estudiantes y trabajadores que corre paralelo a un abstencionismo duro. Estos factores podrían alterar la ecuación en un mediano plazo.
 
Desde un punto de vista político pragmático, la derecha sabe que se trata de salvaguardar un modelo en el que ha invertido cuatro décadas y que responde a estrategias globales en la región. La cuestión para este sector social es clara, cómo dotar al ámbito político de mayor legitimidad sin alterar el orden tecno económico. Para los sectores democráticos con una sensibilidad progresista la cuestión es, cómo modificar las reglas del juego político, al punto de introducir cambios sustanciales en el ordenamiento económico y social del país. Todo ello en una realidad en que los sectores de derecha no solo administran el estado, los medios de comunicación y la riqueza sino que, además, han secularizado un imaginario clasista ligado al individualismo, el hedonismo, el lucro y el consumismo suntuario.
 
Los fenómenos sociales, bien lo sabemos, pueden dar sorpresas. Hay veces en la historia en que nos vemos interpelados por la presencia de un “cisne negro” o “rara avis”, una rareza en que lo impensado, lo sorprendente se torna realidad. No podemos saber si tal acontecimiento es posible en las próximas elecciones presidenciales. Pero lo que sí podemos advertir es que en una democracia binominal, las elecciones binominales están diseñadas, justamente, para impedir la aparición y el vuelo de tan exóticas aves en el cielo de la historia.
 
- Álvaro Cuadra es Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS
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