Puerto Rico con el alma trémula y sola

30/06/2013
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La revelación hecha por el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, de que Washington no le ha orientado sobre qué papel espera juegue esta colonia en los asuntos hemisféricos coincide con el deterioro económico sostenido desde que comenzó su mandato y el asedio diplomático contra la que una vez fue base de lanzamiento de un imperio mundial.
 
Como tiembla la llama de una vela en un cuarto solo, el país vive encerrado en sus asuntos y no se percata de que desde afuera se escucha el taconeo internacional que denuncia que Estados Unidos ya ha agotado su tiempo en Puerto Rico.
 
García Padilla parece hacer lo que puede por dar algún realce a la situación, como el acuerdo que se firmó con Perú en ocasión de la visita de Ollanta Humala a Washington, que dijo Puerto Rico gestionó como “nación latinoamericana”. En la ocasión, sin embargo, olvidó mencionar que varios estados de EEUU firmaron acuerdos similares con Perú, como complemento de las conversaciones entre el presidente Humala y su homólogo estadounidense Barack Obama.
 
En su corto tiempo como gobernador, García Padilla ha visitado Brasil por invitación de Microsoft, España, por hospitalidad del Banco de Santander, y Panamá, además de viajes rutinarios a EEUU. A la vez, su secretario de Estado, David Bernier, ha informado ocasionalmente sobre el progreso del diálogo para la posible construcción de un cable submarino de interconexión eléctrica con Colombia.
 
A eso se suman las gestiones de su gobierno para enamorar millonarios para que se muden a Puerto Rico, lo que sería un modesto sustituto de los años en los que proliferaban las subsidiarias de empresas estadounidenses. Pero, precisamente, apenas un año después de expirar los privilegios tributarios para esas inversiones estadounidenses y menos de un mes después del cierre parcial del Estado, en 2006, se desató la crisis que ya ha cobrado un saldo de más de 283.000 puestos de trabajo perdidos.
 
Según cifras oficiales, mes tras mes desde que comenzó el nuevo gobierno autonomista, Puerto Rico ha continuado perdiendo empleos y al terminar mayo ya se había acumulado una pérdida neta de 28.000 puestos de trabajo menos que cuando dejó el poder a finales de diciembre el anterior gobierno anexionista. El índice de actividad económica –también de acuerdo a los cálculos gubernamentales- sigue bajando y lo hace de forma bastante sostenida, en tanto los renglones que parecen aumentar significativamente son la fuga de población hacia EEUU y los impuestos para tratar de aminorar el déficit de las arcas del Estado.
 
Lejos, pero muy lejos, los años en que el caudillo autonomista Luis Muñoz Marín encabezaba el progreso económico de Puerto Rico, la inauguración del régimen autonomista denominado Estado Libre Asociado y era una pieza importante en el ajedrez caribeño como parte de la llamada izquierda democrática primero y de las gestiones hemisféricas de EEUU en la denominada “Alianza para el  Progreso” después. Ni siquiera se ve en el horizonte la época en que el también gobernador autonomista Rafael Hernández Colón era parte de las gestiones para la “Iniciativa de la Cuenca del Caribe” en la que se promovía el establecimiento de las “plantas gemelas” de empresas estadounidenses en la región.
 
Esta vez, a la mayoría de la prensa que cubre el Palacio de Santa Catalina, pareció no importarle cuando el gobernador García Padilla contestó en la negativa a la pregunta de NCM Noticias sobre si Washington le había dado alguna orientación en cuanto a lo que se esperaba de Puerto Rico en el hemisferio.
 
Tampoco hubo interés en que García Padilla contestara con un “no se habló” cuando se le hizo la misma pregunta por lo que se esperaba hacer con el caso de Puerto Rico en la ONU. De hecho, el propio García Padilla se burla de las gestiones en el Comité de Descolonización y tilda de “embeleco” el plebiscito de noviembre pasado, en el que el 54 por ciento de los electores rechazó la condición política colonial y sólo el 45 por ciento de los que votaron escogió como alternativa la anexión como estado de EEUU.
 
El problema con la interpretación de “embeleco” por parte del jefe autonomista es doble.
 
Primero, la resolución aprobada en junio por el Comité de Descolonización de la ONU, en la que entre otras cosas se toma nota de que Puerto Rico ha repudiado la “condición de subordinación política”, tiene el apoyo de todos los países latinoamericanos –incluyendo todas las naciones isleñas del Caribe- así como de los bloques de África, Oceania y Asia. En esa última, el apoyo incluye las potencias de Rusia, China y la India, además de Irán como portavoz del movimiento de países no alineados y hasta de Iraq, país que se supone sea amigo EEUU luego de la invasión.
 
La segunda dificultad es que cuando a mediados del siglo pasado se concedió el régimen autonómico a Puerto Rico, el Departamento de Estado de EEUU advirtió que se buscaba conseguir el consentimiento de los puertorriqueños a la invasión de 1898. Así pues, en 1953, EEUU logró que la Asamblea General de la ONU aprobara la resolución 748, que consignaba que mediante un ejercicio “libre y democrático” Puerto Rico había conseguido un “acuerdo mutuo” con EEUU por lo que procedía sacarlo de la lista de colonias.
 
Pero aquella misma resolución 748 expresaba, en su sección novena, que si una de las partes retiraba su consentimiento, el asunto sería atendido, lo que abre formalmente ahora el espacio para que el pleno de la ONU vuelva a revisar el caso.
 
En 1799, Inglaterra y EEUU firmaron el pacto de París, en que prometieron armas y pertrechos para la independencia de América Latina a cambio, entre otras cosas, de Puerto Rico, que ya Hamilton pensaba sería buena base para lanzar un imperio mundial. El pacto se concretizaría en 1898, pero poco más de otro siglo después, Puerto Rico parece tener el alma trémula y sola.
 
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