Crece el sector servicios
27/05/1998
- Opinión
Buenos Aires.- La editorial, la más grande de Argentina y quizá del mundo hispano, decidió
reducir su personal. Decenas de editores, correctores, traductores, diseñadores gráficos,
empleados del laboratorio fotográfico, quedaron fuera de su plantel. Pero, no obstante, continuó
publicando una cantidad similar de títulos por mes, a los que decidió agregar novedosos fascículos
semanales sobre distintos temas. ?Se trató acaso de un nuevo milagro de la tecnología?
Simplemente, volvió a contratar a sus ex-empleados como "autónomos", o sea sin cargas sociales,
ni indemnizaciones por despido, ni pago de horas extras o vacaciones, ni seguro de salud. Los
ex-empleados eran ahora "cuentapropistas". Cada uno debía correr con todos los riesgos y
sacrificar sus descansos mientras hubiera trabajo disponible.
Pero la editorial no se conformó con que sus ex-empleados trabajaran desde sus casas, sino que les
pidió que se juntaran por rubro y se establecieran en oficinas cercanas a su sede, cuestión de llegar
directamente con sus requisitos y propuestas. Por supuesto, los nuevos "cuentapropistas" corren
con todos los gastos: alquiler de oficinas, pago de servicios, equipos, y mantenimiento. Pero con
un índice de desocupación del 16.1% y una salvaje desregulación del mercado laboral es difícil
negarse a semejante trato. Al menos, de este modo los trabajadores obtienen un ingreso bastante
regular, aunque corren con todos los riesgos y se quedan después de hora, sin vacaciones o días
feriados si es que los plazos de entrega así lo exigen.
Este mismo esquema se repite en muchos rubros de la economía argentina. Las empresas despiden
a sus empleados, pero vuelven a pagar por su trabajo como "servicios". En pocos años, se ha
producido una verdadera tercerización del panorama laboral argentino, alcanzando el número de
personas en el sector servicios a un 60% del total de la población empleada.
Menos industrias, más empresas de servicios
La labor agrícola, que a mediados de siglo empleaba a cientos de miles de argentinos, ahora apenas
emplea al 1,10% de la mano de obra disponible en todo el país. La industria manufacturera, que
tuvo su auge en las décadas del 60 y el 70, emplea actualmente al 30,9% de la población. El resto
de la población con trabajo cumple sus tareas en empresas de servicios, que abarcan los rubros más
disímiles: desde las ex-empresas estatales privatizadas, encargadas de áreas de la economía
fundamentales como las telecomunicaciones, la producción y venta gas o electricidad, a las
modernas cadenas de supermercados y comidas rápidas.
Según un estudio de la Sociedad de Estudios Laborales, en el ranking de 10 primeras empresas
privadas en número de empleados en el país, el primer lugar lo ocupa el recientemente privatizado
Correo Argentino, con 18.800 empleados, seguido por las telefónicas, una cadena de
supermercados de capital nacional y los mundialmente famosos "McDonalds". Llama la atención
que, por ejemplo, estas hamburgueserías empleen más personal que la principal industria de
laminado de acero en el país o la mayor empresa automotriz. Así, McDonalds, que llegó a la
Argentina hace menos de diez años, ocupa a 8000 empleados, mientras que SIDERAR, la acería, a
5700 y Ford Argentina, que lleva más de 40 años de producción local, a 5100.
Además de las cadenas de supermercados, otro sector en crecimiento es el hotelero. Varias
cadenas internacionales como Hyatt, Best Western, Intercontinental y Marriott llegaron al país en
los últimos cinco años, construyendo lujosos edificios o adaptando antiguos hoteles, como el
conocido Plaza Hotel, lugar donde tradicionalmente se hospedaban las visitas de gobiernos
extranjeros, ahora en manos de una cadena estadounidense. Entre el tercer trimestre de 1996 y el
cuarto trimestre de 1997 el empleo en servicios hoteleros creció el 10%.
En los últimos dos años, el crecimiento del número de empleados en los servicios financieros y a las
empresas, transporte, almacenamiento, comunicaciones, comercio y restaurantes explica el 95% del
aumento en el empleo privado formal.
A pesar de este panorama, en cierta manera novedoso y aparentemente alentador, todavía la
economía argentina no ha sabido dar respuesta a los miles de trabajadores expulsados del aparato
estatal y de las industrias manufactureras, que por haberse modernizado o por haber lisa y
llanamente quebrado al no poder competir con los artículos importados, ya no ocupan el número de
trabajadores de hace una década. Tampoco se ven planes ni incentivos por parte del Estado ni del
sector privado para alentar el empleo estable. La desregulación ilimitada parece ser la respuesta a
todo, y es así como mientras en 1990 un 42% de los trabajadores tenía un empleo estable, hay sólo
un 28% cuenta con esta posibilidad. El resto, o bien es cuentapropista (17,3%) o forma parte de la
gran economía informal (37,3%), sin derechos laborales ni seguridad social y con ingresos 40%
inferiores al de los trabajadores registrados.
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