Una situación incontrolable
23/08/2005
- Opinión
A un año y medio de la destitución del ex presidente Jean Bertrand Aristide
(29 de febrero del 2004) Haití vive uno de los momentos más complejos de
su historia contemporánea. La violencia cotidiana se impone y el nuevo
gobierno que había prometido la “normalización” no logra controlar la
situación. El descontento crece.
Así lo señala Paola Iten, voluntaria helvética que vive en ese país desde
inicios de la década de los setenta y que se encuentra de visita en Suiza.
“Por primera vez en tantos años de vivir allá mis amigos haitianos me dicen
que no regrese… la inseguridad aumenta en la capital Puerto Príncipe y
llega a límites inimaginables”, afirma iniciando esta entrevista.
Paola Iten ha colaborado en estas últimas décadas con numerosas
organizaciones religiosas, comunidades de base y movimientos de mujeres,
campesinos, artesanos y pescadores haitianos, realizando múltiples tareas
de desarrollo social. “En los últimos años integró el consejo de fundación
o los comités de varias organizaciones de promoción económica, micro
créditos, agricultura biosalud”, explica.
Inestabilidad y violencia
“Nadie está a salvo hoy en Haití. Cualquiera puede ser secuestrado o
asesinado en el momento menos esperado”, enfatiza la experimentada
cooperante. En general los secuestros son “para exigir el pago de un
rescate”. Ante el aumento constante de la pobreza y de la miseria “el
secuestro se ha convertido en un medio de sobrevivencia o de negocio
especialmente en Puerto Príncipe”.
El año pasado, se hablaba de “barrios calientes” para indicar a aquellos
grupos poblacionales donde se encuentran los simpatizantes de Aristide.
“Pero el fenómeno de la violencia va mucho más allá. Todo se mezcla. Lo
político, lo social, la tremenda crisis económica con precios tan elevados
que la gente no los puede pagar”.
Hasta hace algún tiempo “los secuestros eran en la calle”, desde hace un
tiempo, sin embargo, “te vienen a buscar a tu casa”. La inestabilidad es
creciente. Mucha gente se va hacia el campo donde la situación es un poco
menos grave, explica.
En el pasado mes de julio dos hechos impactaron sensiblemente al país. La
intervención militar a “Cité Soleil” (Ciudad Sol) y el asesinato del
periodista Jacques Roche. Lo más sorprendente, señala Iten, es que cuando
destituyeron a Aristide el en febrero del 2004, los “nuevos gobernantes
proclamaron el inicio de la recuperación, de la pacificación”. Lo que
sucede en realidad, “es todo lo contrario…todo va mucho peor, la situación
es incontrolable y la crisis política aumenta”.
Existen importantes sectores, especialmente mucha gente marginada y muy
pobre, que siguen apoyando al ex – presidente, subraya. “Todos saben que
si hoy se hace una elección libre y lo dejan participar, Aristide gana
porque los pobres son la mayoría”
“Fue un Golpe de Estado”
La intervención de febrero del año pasado “fue una especie de golpe de
Estado, promovido por los Estados Unidos y por Francia”. ¿El objetivo del
mismo? “No sólo sacar a Aristide sino también atacar a Cuba, que estaba
presente con unos 600 a 800 médicos distribuidos en todo el país, en las
zonas más alejadas y empobrecidas”, evalúa la cooperante suiza. Quien
recuerda, además, la construcción de una Universidad de Medicina en la
capital Puerto Príncipe con el apoyo de Cuba y de otros países.
“Cuando entraron las tropas de Estados Unidos en febrero pasado, ese
recinto fue utilizado como base por las tropas…se suspendieron las clases.
Los estudiantes estaban muy enojados…Finalmente 280 de ellos viajaron a
Cuba para poder continuar sus estudios de medicina”. Los estudiantes
admitidos eran “jóvenes pobres y exclusivamente del campo”. ¡Nunca
hubieran podido hacer estudios superiores de medicina! subraya Iten.
Recordando que no hay suficientes puestos de estudios en el país: “para 120
mil bachilleres hay apenas 2000 cupos en la universidad del Estado…”
“La vida no tiene ningún valor”
En ese clima de tensiones, no hay estabilidad posible. Con un elemento que
agrava la situación.: “todo el mundo está armado”. Y con un marco natural
dramático:
“todavía están vivas las secuelas de los ciclones que devastaron dos veces
el país el año pasado”. Sin que se cuente con una cooperación internacional
significativa a la altura de los daños de esos cataclismos. “Sólo el ciclón
Denis dejó 40 muertos y más de 1.500 viviendas destruidas”.
El pasado 14 de julio en un viaje a Francia, el presidente de Brasil Lula
da Silva, insistió nuevamente en la necesidad que la comunidad
internacional se responsabilice de Haití. Lula -cuyo país dirige las
fuerzas que componen el contingente de las Naciones Unidas-, subrayó que
sin un real desarrollo no se podrá resolver el problema haitiano. Para
ello, la ayuda financiera internacional debe agilizarse. En el 2004 hubo
promesas hacia Haití por más de mil millones de dólares. “Pero hasta ahora
ha llegado sólo una parte insignificante de la misma”, sostiene Iten.
La pausa, un momento de reflexión y la proyección hacia el futuro. “Es
difícil predecir. No es fácil entender quien se beneficia realmente en este
clima de inestabilidad. La vida en Haití parece no tener ningún valor. Y
los políticos no se preocupan si los pobres no logran sobrevivir”.
En cuanto a la salida política, “hay elecciones previstas para noviembre de
este año”. Lavalas –el movimiento creado por Aristide- anticipó su
decisión de participar pero si se cumplen ciertas condiciones como la
libertad de los presos políticos, señala Iten.
Pero, por el momento, “todo está abierto y nada es claro”. El sistema en
Haití “está en un callejón sin salida…No querían a Aristide, lo
secuestraron, lo sacaron, y sin embargo no se resuelve nada”. Luego de dos
años “no sólo no logran normalizar la situación sino que ésta se degrada”.
Esto es un verdadero laberinto. “Y la respuesta parece no estar ni a la
mano, ni a corto plazo”, concluye.
Haití: Hechos claves en breve
Luego de un clima de polarización política en aumento, el 29 de febrero
del 2004 el entonces presidente, el ex sacerdote católico Jean Bertrand
Aristide, fue destituido del poder haitiano y condenado al exilio en
Sudáfrica.
Para controlar la situación, se instaló en Haití la Misión de Naciones
Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), que cuenta con más de 6
mil efectivos, entre ellos cerca de 1200 de Brasil, país que tiene el
principal contingente en la isla caribeña y ejerce la dirección de la
fuerza.
A pesar de esta presencia militar internacional, la situación está lejos de
encontrarse normalizada. A año y medio del derrocamiento de Aristide, el
secuestro generalizado, los asesinatos diarios –un promedio de una decena
por día- y la inseguridad ciudadana, especialmente en la capital, alcanzan
niveles nunca antes visto.
“Aunque están previstas elecciones generales para los últimos meses de
este año, la crisis económica y social y la violencia creciente, le restan
efectividad a cualquier salida política.
La ayuda financiera hacia Haití es absolutamente insuficiente. De las
promesas de la comunidad internacional de aportar 1.300 millones de dólares
estadounidenses, sólo ha llegado una parte ínfima, tal como lo confirman
diversas fuentes oficiales.
El 21 de julio de este año, Haití firmó contratos con el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) para préstamos por el orden de 162
millones de dólares destinados a rutas rurales, agricultura, un sistema
precoz de alerta de inundaciones etc.
- Colaboración E-CHANGER, ONG de cooperación solidaria
https://www.alainet.org/es/active/9049?language=es
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