Muerte accidental de Garzón
- Opinión
“Saben qué piensa la gente de ustedes? Que son unos embaucadores, unos farsantes…quién les va a creer a estas alturas, que no sea el juez archivador, por supuesto. ¿Y saben la razón principal porque no les cree la gente? Por que su versión de los hechos, además de estrafalaria, carece de color humano” (“Muerte accidental de un anarquista”. Darío Fo)
La anunciada defenestración en tres actos del juez Garzón -con su envoltura de impostadas proclamas de leguleyos y cosméticas proclamas de legalidad- podría semejarse a la representación de un misterio bufo creado por el talento cómico de Fo. Sólo que en este caso el misterio está clarísimo: con la condena de Garzón de lo que se trata de conseguir es que la mafia de
Las cantinelas sobre el respeto y acatamiento a las sentencias de los tribunales están ya muy vistas y descangayadas. Una cosa es el acatamiento forzado porque -como dice Fo sobre los jueces- “Y encima son sagrados, porque no olvidemos que existe el delito de injurias por hablar mal de la magistratura… ¡aquí y en Arabia Saudí”. Otra, muy distinta, es sentir respeto por unas sentencias que benefician a una red mafiosa y a unos criminales en serie, ¿se denomina eso también prevaricación? En todo caso, el único que se ve compelido forzosamente a acatar la condena de inhabilitación será el propio Garzón (al parecer el TS ha decidido señalar el ¡23-F¡ como fecha de ejecución de la sentencia, en una decisión cargada de humor negro) porque no tiene más remedio.
Pero, ¿por qué debemos los ciudadanos disidentes acatar algo en lo que no somos ni juez ni parte, ni estamos de acuerdo, ni obedece a una ética de justicia y, además, nos parece una sentencia política de un tribunal político, constituido por jueces políticos? No, la sentencia contra Garzón no puede ni debe ser ni respetada ni acatada, por más que nos lo exija una gigantesca turbamulta de franquistas de primera, segunda y tercera hora, de mafiosos protegidos por los medios cómplices y beneficiarios de sus negros dineros, de partidos financiados por los beneficios del cohecho, el soborno y la prevaricación permanente. ¡Que acaten y respeten ellos!
Los jueces del TS que argumentan que Garzón actuó, al interferir las comunicaciones de los Gürtel Boys con sus abogados (por cierto, exjueces y exfiscales de carrera para los que no existen incompatibilidades), “como en un régimen autoritario” efectúan una acusación sumamente subversiva contra la “marca España” ya que esa práctica policial se usa, al parecer, abundantemente en numerosos casos judiciales como los de terrorismo, narcotráfico y otros como el de Marta del Castillo. Claro que en el caso Garzón los defensores de Don Vito y Cía. no hacían más que -presuntamente- colocar la pasta robada en lugares muy finos y respetables como la democrática Suiza y las islitas refugio de los corsarios del mundo entero. Resulta extraño (y sospechoso) que unos jueces pasen por alto que han de juzgar a tenor de las leyes según el tipo delito que se comete y que al delincuente se le aplica una condena de acuerdo con ellas y no por la inquina que produzca el delincuente particularmente. Será muy horroroso el terrorismo, muy repugnante un asesinato sexual o muy corrompido el narcotráfico, pero se supone que los sujetos que incurren en esos delitos también tienen derecho a la defensa y a la presunción de inocencia ¿o no? ¿No podría ser que el saqueo de los bienes públicos también fuera un delito digno de ser considerado de lesa patria? ¿Expoliar a los ciudadanos sustrayendo los recursos destinados a la enseñanza, a la sanidad, al cuidado a los dependientes y otros patrimonios públicos, es menos aborrecible que otros delitos? ¿La impunidad de los crímenes franquistas, el ensalzamiento público de Franco y de los máximos responsables de las represalias contra los republicanos, no representa una patente desigualdad respecto a las víctimas y sus familias?
Muchos de los que brindaron con champán con la condena (por ejemplo aquellos que han proclamando sin embozo que Garzón “mantiene una enemistad manifiesta con el PP”) son los mismos que brindaron por la absolución del grotesco doctor cum laude Paco Camps, la nulidad de las actuaciones del caso Naseiro, los damnificados de los GAL, el carpetazo del Tamayazo y la laminación del Estatut de Catalunya... Las reservas de champán se conservan en frías cubiteras a la espera de nuevos descorches de celebración por las sentencias sobre el matrimonio de homosexuales, por el derecho a la vida del concebido no nacido (el progre Gallardón, dixit), por la liquidación de la asignatura de adoctrinamiento sectario con la que se lava el cerebro a los concebidos nacidos (gracias a Wert, el reformador), por la que obligue a los despedidos a indemnizar al empresario por las molestias (una prueba más de la agresividad bien entendida que De Guindos ofrecerá al tal Oli), por la que se declare por ley el acatamiento a los mandatos de Mercozy suprimiendo la siesta y las tapas (salvo rigurosa prescripción médica firmada por Mato), por la que se envíen misiles nucleares desde Rota contra Irán (con componentes de la moderna industria de misiles española que bien conoce Morenés), por declarar la legendaria próstata del general Franco bien de interés cultural (a propuesta de su admirador -de la próstata, eh!!- García Margallo), por la proclamación del Congreso y del Senado en sesión conjunta del día de nacimiento de Don Manuel (RIP) como fiesta nacional a todos los efectos… La cosa es brindar, que motivos les sobran como era previsible y de sentido común según prometió MR.
Hoy -¡crucemos los dedos!- en España no se estila proceder al asesinato de los enemigos del orden y posteriormente fabular nebulosas historias sobre caídas accidentales desde ventanas oportunamente abiertas como pasó con Julián Grimau, Enrique Ruano o el anarquista de la historia de Fo. Tampoco resulta probable que los jueces díscolos al poder de la mafia y otros poderes ocultos, sean reventados como sucedió a los jueces Falcone, Borsellino, Terranova y Chinninci en
Tiene más razón que una santa Gabriela Bravo cuando dice desafiantemente, que no todos somos iguales ante la ley a propósito de Urdangarín, aunque el Rey haya proclamado lo contrario en su discurso navideño. La ficción de la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos ya no se la traga nadie y pone en la picota un sistema legal y un poder judicial que salió limpio de polvo y paja de los largos años de la dictadura y que no sufrió ninguna purga a pesar de que muchos de sus miembros fueron fieles ejecutores del estado de derecho franquista. Pues eso: ¿acaso no está llegando el momento que se cuestione el régimen constitucional salido de la transición si no permite que el poder judicial esté al servicio de las leyes justas y de una sociedad de ciudadanos iguales ante la ley?
Llamazares señalaba el caso Dreyfus y su injusta condena por pruebas manipuladas como analogía de
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